Ayer el pataescombro que suelo llevar de vuelta a casa desde el trabajo, es decir mi compañero de fatigas, la lapa copiloto que no hay quien la eche ni con agua caliente, me hizo el siguiente comentario nada más sentarse, “pero que llevas aquí? le veo que se agacha y me enseña en una mano mis estupendas gafas de sol retorcidas cual alambre y en la otra los cristales polarizados que ya no servirán para nada.
No sabía si estrangularle o ponerme a llorar...y que cara me vería que no se lo ocurrió otra cosa que decir:
- leshe me subo al coche y he notado una cosa que crujía como un cangrejo…es que vaya un sitio de llevar las gafas!
El pisotón que le dio a las gafas con las botorras no quedó en un baño de sangre por la ocurrencia que tuvo que sino….
1 comentario:
Es una experiencia muy dura, a mí me ha ocurrido un par de veces, creo que no me volverá a ocurrir una cosa así, pero bueno, nadie sabe... :) je
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