Nos dirigimos después a la Plaza del Comercio, gran plaza abierta al Tajo. Las nubes iban y venían dejando entrever el sol de cuando en cuando. Bajo el gran arco seguimos caminando por la calle peatonal de Augusta con comercios a ambos lados. Llegamos al elevador de Santa Justa, cajón de madera que en breve nos elevó hasta el cielo. Tan solo decir, que se trata de una construcción de hierro que recuerda a la Torre Eiffel. Preciosas vistas de la Plaza del Rossio, tejados por doquier, nuevamente el Tajo al fondo.
Caminamos por la Rua Trindade y como se acerca la hora de comer nos dejamos caer por la Cervecería con el mismo nombre. Rica cerveza y bacalao a degustar en todas las formas. Seguimos nuestra visita por el Baixa Chiado. Toca el café en A Brasileira antigua cafetería de los años 20, de esas con ventiladores en el techo, lugar de encuentro de artistas como Fernando Pessoa.
Subimos y bajamos en varios tranvías dejándonos llevar adonde quieran. Obrservamos todo cuanto ocurre tanto fuera como dentro. Carteristas hacen el agosto, no sin antes avisar a algún que otro turista despistado que al bajar nos dá las gracias. Es que ya los hemos visto en acción en otras ciudades como Roma.
Al caer de la noche decidimos cenar en alguna tasquita de esas donde nos acompañan con fados. Escuchamos los lamentos tanto de voces femeninas como másculinas. Son canciones que sin desamor no tienen sentido. Surgen como un desgarro de una pena y melancolía grandes. Pese a no gustarme casi nada los vinos y licores, reconozco que un buen oporto entra bien, fresquito y con algún queso fuerte….uh!!!! y la cena con sus vinos verdes estuvo bien. Tan bien que salí como caminando en las nubes.
Caminamos por la Rua Trindade y como se acerca la hora de comer nos dejamos caer por la Cervecería con el mismo nombre. Rica cerveza y bacalao a degustar en todas las formas. Seguimos nuestra visita por el Baixa Chiado. Toca el café en A Brasileira antigua cafetería de los años 20, de esas con ventiladores en el techo, lugar de encuentro de artistas como Fernando Pessoa.
Subimos y bajamos en varios tranvías dejándonos llevar adonde quieran. Obrservamos todo cuanto ocurre tanto fuera como dentro. Carteristas hacen el agosto, no sin antes avisar a algún que otro turista despistado que al bajar nos dá las gracias. Es que ya los hemos visto en acción en otras ciudades como Roma.
Al caer de la noche decidimos cenar en alguna tasquita de esas donde nos acompañan con fados. Escuchamos los lamentos tanto de voces femeninas como másculinas. Son canciones que sin desamor no tienen sentido. Surgen como un desgarro de una pena y melancolía grandes. Pese a no gustarme casi nada los vinos y licores, reconozco que un buen oporto entra bien, fresquito y con algún queso fuerte….uh!!!! y la cena con sus vinos verdes estuvo bien. Tan bien que salí como caminando en las nubes.