jueves, julio 06, 2006

Ese que vuela

Hoy me viene a la memoria los años de trayecto compartiendo ese que “vuela”, pongamos el metro de Madrid, con la misma gente a las mismas horas. Observando a unos y otras llegué a imaginar muchísimas historias las cuales me entretenían durante el recorrido. Algunos nos conocíamos visualmente, sabíamos mas de la vida uno del otro que cualquiera cercano con quién compartíamos largas horas de trabajo.

Es más, en alguna ocasión hubiera deseado entablar conversación y decir claramente ¡sé muchas cosas de ti! sé donde trabajas porque nos bajamos en la misma estación, caminamos hasta la cafetería matutina, tomamos el café juntos aunque no en compañía, y mirándonos porque sólo nosotros sabemos de qué nos conocemos, llegamos cada cual a su centro de trabajo.

Incluso con el cambio de horario en verano, era gracioso ver que a la vuelta otra vez estabas ahí en el andén esperando. Nuevamente a compartir vagón mirando gente que entra y que sale.

La embarazada gordita y tierna a la que nadie cede el asiento (cuántas veces lo he padecido en mis propias carnes). Cuántas veces en época de paros por parte de los conductores en horas punta, he tenido que dejar pasar varios trenes, mi tripa descomunal ocupaba el hueco de dos. La gente al abrir las puertas se lanzaba como en una guerra cuando se pretenden derribar las puertas de entrada al castillo. Un señor trajeado ha tenido la mala suerte de hacerse hueco en el último momento y con las puertas aún abiertas aferrándose con los brazos a la parte superior porque no hay dónde, cual gorila descamisado ya que los botones saltaron y con la barriga peluda como escudo pegado a los cristales consigue que la puertas se cierren con él dentro. Una visión real que aún conservo porque en su día me hizo reír mucho.

Como aquel día que curiosamente no estaba plagado de gente. Me siento, con suerte hay sitio de sobra para los cuatro que vamos, y comienzan a llegarme unos efluvios a pies podridos… de quién? todos nos miramos los unos a los otros en plan acusador intentando saber de dónde sale el olor nauseabundo….cuando descubro que un idiota con unas “tortolas” lleva los pies medio fuera de las mismas delante de un ventilador que hay bajo los asientos. A la próxima parada toca cambiarse de vagón.

O la señora entrada en años muy puesta que espera ansiosa la llegada del convoy, algo comprensible dado los tacones que lleva, para coger asiento. El vagón elegido por ella está a punto de detenerse, corre en pos de la puerta arrasando con todos los que esperamos y una vez se abre, hace un lanzamiento de bolso que encesta directamente en uno de los asientos libres que quedan.

Hemos llegado a nuestro destino. Salimos a la calle, sé dónde vives porque te he visto entrar al portal y que tienes esposa. Tú también sabes quien es mi familia porque nos hemos cruzado infinidad de veces. Es extraño, comparto mucho con alguien que no conozco de nada.

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