martes, octubre 17, 2006

Viena I

De vuelta de Viena, donde me perdí finalmente estos días, traigo un buen recuerdo. Creo que viajar da esa apertura de miras y sorpresa ante todo lo que nos rodea. Esa parte de curiosidad por lo desconocido, por lo novedoso, por saber, por conocer es lo que más me gusta del hecho de viajar.
Viena es una ciudad no muy pequeña, yo que soy de Madrid puedo decir que debe corresponder a un tercio de ésta en extensión. Pero en proporción sus 2.000.000 habitantes aproximadamente suponen un número bastante reducido por km2. Así lo primero que llama la atención es su facilidad para ser recorrida a pie sin encontrarte con miles de personas en dirección contraria. Es francamente apacible y cómodo el caminar.

La población está compuesta por austriacos 80% y 20% ciudadanos de países que formaron parte del Imperio Austrohúngaro (croatas, eslovenos, bosnios, húngaros, eslovacos). Por ello es fácil ver personas muy altas rubias o morenas con ojos claros, y bajitas, morenas de rasgos parecidos a los turcos. Ni que decir tiene que todos son de una amabilidad y educación exquisita, que se prestan a brindar ayuda (sin haberla solicitado) ante la menor duda, incluso intentando dirigirse a ti en varios idiomas y que el inglés lo hablan todos por debajo de los 50 años como si tal cosa.

Los medios de transporte funcionan muy eficazmente en cuanto a regularidad y variedad. Tren de cercanías, autobuses, metro, tranvía y por supuesto las bicis están organizados de tal manera que su facilidad de uso responde a criterios de tiempo y convivencia. Esto último lo digo porque en las calles circulan coches, autobuses, tranvías y bicis con un absoluto respeto entre ellos y para con los peatones. Se conduce regularmente sin atascos estresantes, sin ruidos de claxon y como si cada cual supiera exactamente cuando ceder el paso y a su vez seguir con calma su camino.
En los medios de transportes con horario restringido pueden subir los dueños con perros o bicicletas. También es curioso ver como hay gente de todas las edades que utiliza los patinetes para desplazarse por largas aceras o pasillos en el metro. Lo práctico es lo que vale y dejémonos de tonterías!

El tranvía que por cierto sólo conocía de imágenes antiguas o por historias regaladas por mi madre de cuando era joven, me ha gustado recuperarlo. Era una atracción para mí que no he dejado de probar unas cuantas veces.

La ciudad se ha ido extendiendo en el tiempo de forma radial. En principio eran unas cuantas casas alrededor de la Catedral de San Esteban rodeadas de una muralla que sufrió bastantes asedios por parte de los turcos. El centro de la ciudad está rodeado por el ring o anillo que sustituyó a las antiguas murallas y que marca el centro antiguo. Dentro de ese anillo se encuentran calles peatonales y bastantes iglesias de distintos estilos. La catedral es de estilo gótico, con una aguja de 136 m. de altura, y desde arriba hay unas vistas impresionantes de la ciudad.
Fuera del anillo o ring se han ido construyendo edificios de estilos posteriores más cercanos al siglo XIX tales como museos: Ciencias Naturales,

el de Historia (cuadros de Durero, Rubens,) el de Artes Plásticas; palacios como el de invierno (Hofburg) o de verano (Schönbrunn)

Belvedere (pintores austriacos, Gustav Klimt), la Universidad. Sitios donde pasan las horas sin darse uno cuenta admirando y disfrutando con la vista.

1 comentario:

Gusano de luz dijo...

…..conocer…..que bello es conocer….quizás es lo que mas me encante en esta vida pero en contra de ti , creo, lo que menos me gusta es ver monumentos y ciudades, a través de los años y casi de siempre lo que mas me ha gustado de ir de un sitio a otro es su gente, tan distintos unos de otros, sus culturas , sus formas…..eso me ha impresionado siempre…..como siendo seres humanos podemos ser tan distintos cuando solo nos separan unos cientos de kilómetros….no se, pero es la realidad…
Gusano de Luz……tu amigo