Era casi imposible que sus sueños se hicieran por una sola vez realidad. Los ojos de ella seguían cerrados, aunque despierta, por si la vida podía sorprenderla en un error, que no escapara un sólo segundo de posibilidad para el encuentro, que ni un segundo de entrega pudiera pasar desapercibido. Necesitaba ahora más que nunca cerrar los ojos para ver que en otro lugar él recibiría lo que ella más quería hacerle llegar, su calor, su locura, sus sueños.
Sabía porque se sentía tan perturbada, veía como otras veces los encuentros se sucedían. Esta vez dónde sería…...
Se acercó a la librería que él le había indicado, ¿qué libro debería encontrar?: "El cuaderno rojo" de Paul Auster en el que se habla del idioma del azar, el idioma de la casualidad y las coincidencias, el idioma de los encuentros fortuitos que se convierten en destino. Tomó el libro de la estantería correspondiente pero no debía pagarlo, otra norma más del juego que sólo los dos conocían. El lo había dejado para que sólo fuera encontrado por su única destinataria. Una vez en casa comenzó ansiosamente su lectura, debía descifrar el lugar y hora de su próximo encuentro. Una tetería en la calle Gonzálo de Córdoba.
El llegó antes por eso se deleitó viéndola bajar por las escaleras, y aunque estaban rodeados de gente hubiera deseado poseerla allí mismo. De nuevo la sonrisa en sus caras, esta vez los ojos abiertos, todos sus sentidos abiertos. Tapices, luces multicolores, olor intenso a té de especias…clavo, canela. Se dejaron llevar por el momento ajenos al resto del mundo. Ella sentía que tocándo sus labios rozaba la locura, que mirándole a los ojos todo podía ser posible, que escuchando sus “te quiero” una vez más… moriría. No se prometían nada, sólo se entregaban y esperaban…. deseaban que el tiempo por un día más les llevara a ese estado de nuevo.
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