Esta vez el fin de semana me lo he dedicado. ¿Esto qué quiere decir? pues que han sido un par de días de reclusión en casa, cosa extraña en mí ya que habitualmente necesito lanzarme a la calle y sentir el aire, así nieve o caigan chuzos de punta como suelen decir. Pues bien me dije voy a mimarme mucho y quien mejor que yo para hacerlo? Como si estuviera en un balneario y buscando el relax que otras veces me ha llevado a un spa, esta vez me lo monté en la medida de las posibilidades en casa.
Una vez sola, preparo frascos de crema, selecciono algunos de esos que tenemos las mujeres en nuestra mitad. La otra mitad se supone que es la de ellos pero no sé como terminamos arrinconándolos para que su mitad se quede reducida a un espacio más que suficiente para le cepillo de dientes y el desodorante, verdad?. Busco música de Enya, y sonidos de la naturaleza. Con el albornoz y zapatillitas a juego comienzo el ritual:
Crema exfoliante en la cara para eliminar las células muertas. Araña un poco al masajearla pero se supone que ese es su cometido, huele a azúcar. Una vez eliminado el anterior ungüento, tomo otro frasco que contiene una mascarilla, esta vez toca limpieza a fondo de poros, así que me pongo cual mimo la cara verde. ¿A que llama algún tonto la haba a la puerta? Hago gestos unos segundos y me rio. Sigo con una mascarilla fucsia “hidratante para el pelo” por lo menos eso dice en el sobre. De todas formas previamente compruebo la fecha de caducidad no sea que me quede calva.
Cojo el gel exfoliante para el body y me embadurno por completo, dándome un sobo superior de pies a cabeza.
Pongo la música, y una vez llena la bañera me sumerjo en ella. Vierto sales de baño, ummm!!!! que bien huele. Relajo los músculos, mi cuerpo no pesa nada, mis piernas, mi cuerpo, mis brazos son plumas. Me transporto con los ojos cerrados a una playa desierta por aquello del sonido de las olas, a una selva tropical en la que se escucha la lluvia…me tiro un buen rato meditando. Si, he dicho meditando. Difícil tarea pero me ayudo visualizando la luz que emite una vela en una habitación a oscuras. Intento no dispersarme en otros pensamientos.
Casi a punto de entrar en un sopor creo que es hora de tonificar. Poco a poco logro desprenderme de todo potingue y tanta célula muerta alternando duchas frías y calientes. Me siento ligera, peso hasta menos, floto en el aire ¿seré capaz de volar? Mejor no probar.
Se me ha quedado la piel tan hidratada como el culito de un niño. Huele a caramelo por todos lados. Calentita sigo en el albornoz: toca manicura y pedicura. Nadie me molesta, sigo a gusto escuchando música y con el ritual.
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