Como todos los días no podía prescindir de ese misterio. ¿Qué podía haber pensado, dicho de nuevo? Desde que entró a formar parte de su yo necesitaba alimentarlo casi a diario. Esperaba la llegada del día con la intención de mirar que encontraría de nuevo:…tristes palabras, alegres pensamientos, comentarios irónicos, una entrega diaria de sobre lo cotidiano…cualquier cosa fruto de sus pensamientos serviría para ahondar más sobre su persona. Era su centro de observación, sin saber porqué con sólo leer entre líneas su imaginación crecía. Todo podía ser posible y con eso se confortaba.
A veces discutía con ese otro yo sobre cosas que no merecían la pena pero que servían para mantener aunque fuera por unos minutos el nexo de unión. También y casi la mayoría de las veces el contacto era como el que se pueda dar entre escritor y lector. El escritor puede imaginar, dar testimonio, desenmascarar su mundo interior, mezclar la realidad con lo onírico, siempre puede haber alguien que reciba e interprete esas palabras.
Era un momento único de intimidad y de reconocimiento propio del estado de ánimo.
Era entre pocas, una de sus inquietudes, búsquedas, propósitos de felicidad con los que colmar su vaso.
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